09 abril 2012

PADRES E HIJOS


Siempre me han hecho hecho gracia las versiones que hacía José Guardiola de Sixteen Tons, Mack The Knife, Les Comédiens o la sintonía de Bonanza. En general era un hombre al que me gustaba escuchar, tenía una voz agradable y su melódico repertorio era muy adecuado para acompañar tareas de poca concentración.

Fue así cuando un día, de adulto, reparé en la letra de La Balada del Vagabundo, después de haberla oído cientos de veces en mi infancia. Para estrujar el éxito que había tenido el año anterior Di Papá, interpretado junto a su hija Rosa Mary, a alguien se le ocurrió que probablemente sería un pelotazo adaptar para la parejita la canción que Giorgio Gaber había defendido en el Festival de San Remo, La Ballata del Pedone.

En la conversación padre-hija, la inocente niñita le pregunta a su padre acerca de un hombre que se había autodenominado como vagabundo. En la explicación pedagógica sobre "qué cosa es un vagabundo", el papá de voz grave le dice a su hija:

Un vagabundo es un hombre que va siempre
de un lado a otro, caminando por el mundo
sin ambición, sin ansia ni esperanza,

y no merece amor, ni confianza

Así que ya sabéis, Rosa Mary y todos los niños, los hombres que andan errantes por el mundo no merecen nuestro amor ni nuestra confianza. Ole.

Luego Rosa Mary se alegraba y decía que ellos nunca serían vagabundos porque vivían en el amor y no caminaban por ahí con temor, como hacía aquel hombre. Terrible.

Desde mi descubrimiento de esta cuestionable letra, lo he comentado muchas veces con la gente y este era un post que siempre andaba pensando, pero que no se me ha ocurrido materializar hasta hoy, fecha en la que nos ha dejado esa indudable buena voz.